Avui he llegit una carta a La Vanguardia que m'ha fet riue. No afegiré res.
Diu així:
Hace pocos días, viajando por Francia, me aconteció un extraño suceso. Tras varias horas de conducción, se me despertó el hambre y decidí detener el vehículo para comer. Como tampoco tenía mucho tiempo, decidí encargar un bocadillo de queso, puesto que en una vitrina del local, se exponía una gran variedad de tan delicioso manjar. Con la seguridad que da el hambre, me dirigí al camarero para pedirle, creo que amablemente, la comida. Para mi sorpresa, ese señor ni siquiera reparó en mi persona. Un poco molesto insistí, ¿me podría poner un bocadillo de queso, por favor?. Ni caso. Afortunadamente, una señorita que estaba cerca se dio cuenta de la tesitura en la que me encontraba, y decidió ayudarme. Perdone que me inmiscuya – me instó- pero aquí a lo que usted le llama queso, se le denomina "fromage", y lo más curioso de todo es que hace mucho tiempo que le llaman así. La verdad es que sus palabras fueron un gran descubrimiento para mí. Qué curiosos eran esos franceses, pensé, puesto que a un producto comestible que se ve tan claro que es queso, han decidido llamarle "fromage".
La verdad es que tras unas cuantas anécdotas de este tipo, -¿sabían que a las patatas las conocen como "pommes de terre"?- decidí que Francia era un lugar fantástico, pero que adolecía de un grave defecto. A pesar de mostrarme muy complaciente la gente se empeñaba en hablarme francés. Entonces recordé lo valientes que han sido algunos intelectuales - saliendo en defensa de la lengua castellana- y me dije que no estaría de más, escribir esta carta par descubrirles que en Francia el castellano, está seriamente en peligro puesto que no lo habla nadie.
En un momento de flaqueza, se me ocurrió que, para sentirme mejor cada vez que fuera de turismo hasta ese bonito rincón del mundo podría dedicar mi tiempo a estudiar francés. Pero claro, yo no soy un intelectual y las decisiones difíciles es mejor delegarlas, en la gente que piensa, y prefiero dedicar mi tiempo a otros menesteres. No dudo pues que gracias a la flamante retórica de los pensadores castellanos y los grandes beneficios que el uso de su lengua puede aportar a los habitantes de ese bonito sitio conocido como Francia estos, preferirán olvidar palabras tan extrañas como "fromage" y ya no querrán hablar otra lengua que la castellana.
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